
Camarón – Nana del caballo grande
- Me cago en tu putísima madre, S.
Me decía a mí mismo constantemente cuando, como cada día, salía muy tarde de casa. Me apetecía ir a clase pedaleando tranquilo, disfrutando del trayecto… Pero no, tendría otra vez que forzar mis piernas, saltarme los semáforos, arriesgar mi vida en varios cruces y todo ello a sabiendas de que igualmente llegaría algunos minutos tarde. Había perdido horas completas durante toda la mañana pero no había sido capaz de salir tan solo diez minutos antes.
- Me cago en tu putísima madre, me cago en… # Pronunciaba mentalmente enfurecido con la vida a la que yo mismo me aboco.
**
Estaba ante mi espejo. Ayer me acosté a las cinco de la mañana. No podía irme a la cama. No hacía nada a cambio tampoco. Me metí en el IRC a las tres, sabiendo que buscaba la aguja del pajar. La eterna. La que ciega mi camino. “No serás tú, me decía antes siquiera de escribir la primera palabra”, hastiado de un rastreo permanente que anticipo fracaso vital. Como las horas en la noche, sufrí las del día. Esperando como si yo no fuese más que sombra. Como si mi vida ya fuese una ruina inevitable. Aguardo a que Dios me entregue una nueva vida con la que comenzar otra vez, desde la que no ver nunca jamás esta vulgar faz.
Muerto en vida estaba ante mi espejo. Otra vez, como tantas otros días perjurándome que ésta sería la última, que ésto ya se acababa aquí. Y aquí otra vez me encontraba, igual que siempre. “¿Pero qué puedo hacer yo?” Me interrogaba no desesperado, ya aceptaba la fatalidad, sino curioso como matemático ante un problema lógico a resolver. “Símplemente, parezco haber perdido la estructura que otrora me sostenía y ahora no soy más que musculatura, potencial, sin un esqueleto que le sostenga. ¿Dónde fueron a parar esos huesos que ya no están?”.
El ruido de las zapatillas tras el caminar perezoso, escasas telas cubriendo el cuerpo, los pensamientos ligeros, la vocalización tosca, las palabras comodín, las actividades livianas, el desorden omnipresente, la mediocridad rezumante… “¿Dónde estamos?” Parezco preguntar a las paredes cuando despierto aturdido cada mañana. “Soy una mierda que vive en la mierda”, me respondo. Y me levanto por hacer algo, esperando a mi deus ex machina.
- Tienes todas las oportunidades del mundo, las posibilidades, los medios. Te falta sólo una cosa, pequeña pero fundamental.
- ¿Qué?
- Amarte. Saber que mereces lo que consigas con tu esfuerzo. Si crees lo contrario, nunca te merecerá nada de lo que hagas.
- ¿Cómo voy a amarme si todas las manos que acaricio acaban desapareciendo? ¿Cómo si cuando parezco tener unos gramos de autoestima éstas parecen huir aún más rápido? ¿Cómo si cuando algo parece arreglarse dos vuelven a estropearse? Es como si Dios me despreciase inconscientemente. Todo lo que consiga no será más que un espejismo. Ésa ha sido la lección de mi vida.
0 Respuestas a “Domingo – Deus ex machina”