
Hay momentos en los que se vive y hay momentos en los que se escribe.
Eso fue lo que pensé en el metro mientras observaba a dos chicas muy jóvenes (tanto que, si no fuese por el maquillaje, les llamaría directamente niñas). Piercing sobre el labio superior. Contorno de ojos negro. Pantalones claros muy ajustados. Piel morena. Escote. Móvil en mano con alguna cinta/muñeco/objeto colgando de él.
“Seguro que en este momento estarán hablando sobre algún novio o tema amoroso”, pensé. Y justo al terminar la frase me di cuenta de que mis pensamientos de estos últimos días no distaban mucho de las preocupaciones imaginadas de aquellas niñas. Observé un poco más lejos. Una pareja, entre treinta y cuarenta años. Ella llevaba un pantalón oscuro. Él camisa de vestir. Ningún piercing ni móvil con objetos colgantes. Sin embargo, se abrazaban de una forma parecida a como las quinceañeras lo harían en una discoteca con el primer garrulo que encontrasen. Recordé entonces como una niña de esa edad me ronda desde hace un tiempo. Le debo una cita que hace tiempo que me pide. Es guapa, inteligente, culta y le gusto. ¿Problema? Cuando escribe hace faltas y tuve que explicarle que era un cassette. Pero mucho me temo que los besos que con ella podría compartir no entienden de ortografía ni tecnología. Ningún beso.
Mientras esperaba el metro observaba a otra pareja. Él la abrazaba unos instantes, le acariciaba, miraba a los ojos y sonreía. Vinieron a mí entonces destellos de recuerdos creados semanas atrás. En una cadencia de mi mente llegué a sentirme ridículo. “No puedo creer que alguien me mirase hace unos días como yo miro ahora a este chico”. Pero recuerdo bien los ojos voyeurs mientras nos abrazábamos.
- Si es que en el fondo eres muy inmaduro. Un niño con cuerpo de hombre joven.
- ¿Sólo yo o todos? Podríamos ser todos unos púberes, que lo único que diferenciaría a los “mayores” son los grises de las ropas, conversaciones de cortejo que versan sobre arte o experiencias y la desconfianza que producen los años. En definitiva, un disfraz para acabar sobando a la pava como un quinceañero.
- Tú no abrazas a nadie ahora.
- Hay momentos en los que se vive y hay momentos en los que se escribe.
Creo que yo vivo ahora mediante la escritura y me nutro de los instantes de mi vida cotidiana.
Cuando escribo estoy viviendote en cada una de estas letras que me inspiras.
Si, hay momentos… pero los más bellos son aquellos que se vuelven experiencias memorables a través de los escritos que son extensiones de nuestra sensibilidad.
:)
Las palabras, para nosotros, son un álbum de fotos. Intentando capturar cada momento con una frase. Los escritos suplen mi memoria y ayudan a mi cerebro a que las emociones vuelven a emerger, como en aquel instante.
Cuando escribo, detengo la película de mi vida para dedicarme a archivar recuerdos, pensamientos.