Vulgaridad:
Vulgaridad es caminar por casa en zapatillas sin que importen los pasos. Escuchar el martilleante ruido de la suela al chocar con el suelo. Es levantarse semidesnudo y permanecer así si nada obliga a salir a la calle.
Vulgaridad es pensar y hablar despreocupadamente. Recurrir a lugares comunes o frases hechas. No querer vocalizar. No preocuparse por hacer uso de las palabras más adecuadas. No pensar en la reacción que podrán causar en la persona que las reciba.
Vulgaridad es llegar a casa y sentarse en la primera silla. Abandonar el correo comercial en la primera superficia al alcance. Permitir crecer el desorden en cualquier parte. En la mesa del comedor, en la mesita de noche, en la cama sin usar…
Vulgaridad es matar el tiempo. Dedicar aquellas horas que no son de pan a lo que menos esfuerzo requiera. Sea ver televisión, sea naufragar en la red cuando el alimento de alma hace tiempo que espera en la estantería o en la biblioteca.
Vulgaridad es que no importe a la hora que el Sol nazca o muera en el horizonte sino el reloj del apetito aleatorio por la vida. Tanto da que sean las cuatro de la mañana y levantarse a las doce. Huyendo incluso de acostarse por miedo a morir derrotado y renacer al midi del día siguiente en un campo de batalla desolado.
Vulgaridad es comer sin importar la hora y sin importar el qué. La regla es lo más rápido, lo más apetitoso. Terminar la ingesta y dejar caer el cuerpo sobre algún rincón que apacigüe el resquemor.
Vulgaridad es preocuparse más de la nómina, de otros, que la imagen ante nosotros. Centrar la atención en punto ajeno antes que en el alma propia.
Es descuidar el detalle, la sutileza. Es sacrificar la identidad genuina. Es despreciar la belleza. Es odiar la vida extrema. Es refugiarse en pensamientos robados por esconder lagunas de ideario. Es apreciar más un segundo de apatía que cien de gloria. Vulgaridad es traición.

Vivir es un arte.

0 Respuestas a “Lunes – Vulgaridad”