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Miércoles – Viva el rechazo

Nunca jamás me habían cerrrado tantas puertas ante mis narices en tan poco tiempo, tan repentinamente. Así, de un portazo, “¡¡plaff!!”", una tras otra. Las primeras me derrumbaron. “¿Por qué?” y la última sílaba se solapaba con el ruido de la madera al chocar con el marco. Ni siquiera podía expresar lo que sentía, lo que ocurría. El estruendo no me dejaba escuchar mi propia voz. “¡¿Por qué?!” y no encontraba más que un silencio helador, agudo. Con las siguientes comencé a sentir una apática indiferencia. “El destino lo ha querido así”, me decía a mí mismo, tratándome de consolar con fantasías de segunda mano. Pero los portazos continuaban viniendo en desbandada. Por delante, por detrás… Por todas partes. Continuaba yo caminado por aquel pasillo infinito. Unas no abrían siquiera, esas no daban portazo. Otras, símplemente, se preveían imposibles y ni lo intentaba. Esas tampoco ensordecían al cerrarse de un golpe, no es posible si no se abren al menos un poco. Habían algunas que había dejado abiertas cuando me fui. Al volver, las vi cerrarse de lejos, como por el viento. Y así, empecé a correr sobre mi indiferencia. A correr rápido. Unas veces lanzaba directamente mi cuerpo sobre una de ellas y parecía abrirse un poco para luego cerrarse con aún más fuerza. Otras, abrían súbitamente y caía dentro por unos instantes. Algunas incluso lastimaban mi hombro, lo dislocaban cuando me lanzaba con todas mis energia sobre ellas y no eran más que un muro. Paré un momento. Allá atrás, allá donde una vez estuve, todo era oscuridad, vacío, solitud. Mi pasado no era más que un recuerdo en mi memoria, tan solo eso. Incrédulo, caminé por donde reí a carcajadas con los vecinos de aquel rellano. No había nadie, parecía un lugar abandonado. Mi pasado era como una casa abandonado, donde sólo es posible encontrar entre los escombros restos de otro mundo que ya no nos pertenece. Elevé mi cabeza, miré al techo y vi escrito sobre él un mensaje que dejé a mí mismo desde aquel pasado inconexo. “Todo es efímero”, se entreveía tras una capa de polvo. Sonreí, como quien sonríe a un alma gemela que acaba de encontrar en la parada de autobús, embobado mientras miraba aquel mensaje en el techo de una casa abandonada. “Todo es efímero”, me repetí en un susurro, comenzando a caminar sin perder de vista aquel punto allá arriba.

Volví a correr sobre mi apatía, sobre mi tristeza, sobre mi desconcierto, sobre mi agonía. Comencé a correr sobre todo. Otra vez lanzándome sobre las puertas. Otra vez intentando abrirlas con delicadeza. Otra vez cantando frente a ellas. Un milímetro, algunas abrían tan solo un milímetro y “¡¡pum!!”, portazo en mis narices. Y sonreía, sonreía como mi profesor de francés cada vez que se le caía el boli o tropezaba. Sonreía, porque mientras oyese el portazo, mientras llegase ruido a mis oidos, estaría vivo, estaría viviendo, estaría moviendo piezas del puzzle cósmico. Encajasen o no, es lo que menos importa. De hecho, el éxito que para los humanos es abrir una puerta, entrar y quedarse unos años, es sólo éxito para los humanos. Para cualquier otro observador, el éxito no es que la puerta se abra sino la sola posibilidad de golpearlas. Y para mí, ¿qué es para mí? No sé bien, pero aunque sólo sea por incordiar, por abrir un poco y recibir portazo, por saber que me muevo, y que cada vez que me muevo, el aire ha de apartarse, que hablo, y que cuando hablo me responden con desaire o con una sonrisa. Una vez es sonrisa, otra un rostro arrogante. Pero es. Y mientras ellos son, yo sigo jugando en mi pasillo.

Y comienzas a pensar, a observar, a ver que algunas puertas abren más que otras, o que lo hacen de una forma distinta. Pongo allí mi pie, como evitando el inevitable portazo. Escucho detenidamente con mi oreja apoyada sobre la superficie ¿qué hay detrás? ¡Pum! Otro portazo. Pero ya no me quedo igual. Ya no recibo el rechazo como si todos fuesen iguales. Hay rechazo y hay rechazos. ¿Son un acierto? No, son más colores en este juego, más variables. Y quizás nunca vea abrirse ninguna puerta del todo, o quizás sí. Pero qué más da. Porque soy yo el que se divierte, porque no interpreto ningún papel para colarme en ningún sitio. Soy yo el que se ríe a carcajadas después de dislocarme el hombro. Porque sufro, porque sangro, y mientras sangro, respiro, y mientras respiro, vivo.

Lunes – ¿Qué coño haces?

Como hablo con tan poquísima gente en estos días, tengo incontinencia escrituril que expreso en este blog. Que precisamente creé para eso, para desahogarme. Aunque las mentes agudas quizás ya se hayan dado cuenta que es la segunda parte de algo. Da igual, vamos al ¿Qué coño haces?.

¿Qué coño haces Don Juan? Que se pasa usted las horas delante de la pantalla del ordenador sin hacer nada en concreto. Don Juan, hombre de Dios, ¿es que no ve que ni habla, ni lee, ni juega ni ná? Hombre, Don Juan, ¿es que no se da cuenta que, cuando pone la televisión, no mira ni la pantalla? ¿Es que no ve que cuando come no tiene usted ni hambre? Don Juan, Don Juan, por Dios, ¿Pero qué coño hace usted? Porque hacer quehaceres tiene, eso no me lo podrá negar. Pero usted no. A usted le dan igual que le esperen mil quehaceres, que usted seguirá a la verita de su pecera, escuchando el murmullo del ventilador tal si fuese el murmullo de las gentes. Don Juan, Don Juan, por favor, hágame el favor y siéntese en esta silla que aquí le pongo. Siéntese, siéntese. Yo sé lo que le pasa, porque le conozco como si fuese usted mi hijo o yo misma. Lo que pasa es que tiene usted miedo de usted mismo. No, no me mire con esa cara extraña. Le hablo muy seriamente. Tiene miedo de que cuando comience a pensar en sus cosas donde no escuche murmullo, se sienta muy solo, una soledad tan fría que le helará. Teme ese dolor agudo, ese frío que le recorre cuando se ausenta de la pantalla. Del falso murmullo de gentes. Porque ver conectado su pecera a un router tranquiliza su pulso, lo sé. Porque saberse conectado al mundo le hace respirar adecuadamente. Pero Don Juan, escúcheme usted bien, cuando usted mira al mundo desde una pantalla, el mundo le da la espalda aunque no lo vea usted. Cuando usted da la espalda al mundo por unos minutos, o unas horas, entonces, al darse la vuelta, el mundo le espera. Porque Don Juan, el mundo admira a los que no temen darle la espalda y luego acaban volviendo. Pero, en cambio, el mundo desprecia a los que miran constantamente en busca de auxilio, a los mendigos. Don Juan, no me sea usted mendigo de buen vestido. Deje las pantallas, los puntos infinitos, los techos y los tiempos muertos. ¿Me hará usted ese favor? Ande, vaya.

Problemas siempre habrán, empezando por nosotros. Unos esperan pasivos a que alguien los resuelva por ellos -que cada vez aparece menos- y hay quienes intentan resolverlos por sí mismos. Lo que está claro es que alguien tiene que resolverlo, ¿por qué esperar? ¿por qué depender de los demás siempre? El mundo empezará a cambiar por la inciativa de uno, cualquiera puede ser ese uno.

Hasta mañana.

Lunes – Cuando no esperaba nada

Y ahora no soy otra cosa que un con man, un timador. Porque intento aparentar que soy amable, que estoy alegre, que me sobran los amigos, pero todo es falso. Cuando la gente se acerca de lejos, les resulto simpático. Pero a medida que me miran más de cerca, que ven mi rostro a pocos centímetros, aparecen las imperfecciones de los fotogramas, las motas de polvo, los tics nerviosos, los gestos extraños… Y empiezan a sospechar de mí, y se alejan, porque se dan cuenta de que soy una mierda o, al menos, que no soy trigo limpio.

Claro, yo observo estas idas y venidas con mi perenne sonrisa, porque si diese abiertamente coba a mi pena, me habría suicidado haría tiempo. Y supongo que quien lee esto piensa eso, que camino por el filo del suicido, pero no. No ahora. Porque hace unos meses lloraba mi pena con un bolígrafo por las playas y las calles del barrio gótico. Escribía que jamás nadie me querría de verdad, que jamás tocaría los labios de una mujer con los míos, que jamás follaría si no fuese pagando. De hecho, estaba tan convencido que me di un plazo de cinco años. Si a los 25 no había follado, dejaría el asunto en manos de una profesional. Como si yo fuese un enfermo que necesitase a una experta para que me quisiese unos minutos, aunque yo pagase por ello y no fuera más que un teatro. Pero estaba convencido de que no podía aspirar a más. Que el hecho de que yo siempre me hubiese considerado un romántico no era más que una ironía del destino, una burla, porque no podría demostrar mi amor más que a putas. Y claro, quizás cuando llegase el momento me echaría para atrás. Me convencería de que tener que pagar para sentirme amado era una contradicción en sí mismo. Que aquello no era más que una falsedad. Que mi polla ya se habría acostumbrado a mi mano, y que allí sólo buscaría que me diesen unos besos en el cuello. Pero sólo imaginar la situación resultaba todo tan cómico, tan falso, tan lejos de mis aspiraciones, que, símplemente, nunca vería a una puta, nunca besaría, ni follaría y, por supuesto, sería amado. Y así me fui resignando según pasaban los años. La vida se burlaba de mí y ese terreno siempre me estaría vedado. Jamás.

Pensando así me fui a Madrid. Allí mi vida, mis predicciones dieron un tumbo. Porque, por primera vez en mi vida, me amaron, y amé, me besaron, y besé, me follaron, y follé. Todo fue en una vez y duró sitete días. Siete días, sí. Cuando volví, todo acabó. No sé si acabó porque yo no supe responder bien o porque, en parte, me utilizaron. No lo sé, de verdad. Pero no me importa. La cuestión es que todas aquellas ideas que tenía sobre mi propia vida se fueron al garete. Que pasase lo que pasase a lo largo de mi vida, yo me iría a la tumba con la tranquilidad de que fui amado, besé y follé. Aunque sólo fuese una vez, aunque fuese un instante, pero fue. Y eso mucho más de lo que yo esperaba, porque yo no esperaba nada. Por eso, no camino por el filo del suicidio. Porque lo que durante mucho me preocupó, si la vida se burlaba de mí prohibiéndome caminar por los cielos, desapareció. No se burla de ti, S.

Y así, cuando ella me dejó, o yo la dejé, o nos dejamos, no había nadie a mi lado, absolutamente nadie. Parecía que aquellos días en Madrid mataron a lo que yo era antes. Llevándose a mis “amigos”, mis conocidos e, incluso, una buena parte de mí. Pero yo sabía, sé, que no me siento solo de la misma forma que antes. Porque antes pensaba que nadie podría amarme nunca. Ahora sé que, aunque en esto momento no haya nadie cerca, me han amado y, quizás, puedan amarme otra vez. Durante mucho tiempo había creído que moriría sin saborear otra lengua que no fuese la mía.

Lunes – I’ll survive

Mi padre, en mitad de su locura, quiere abrir un prostíbulo y este verano no le apetece que vaya a verlo. Tampoco llama por teléfono.

La única novia que he tenido en mis 21 años, con la que he dado mi primer beso y he perdido mi virginidad (a pesar de mis cinco gatillazos) me ha dejado después de una semana.

Los amigos que tenían han desaparecido por alguna parte.

La gente que conocía de Internet se han ido también a ese limbo. Incluso los que parecían almas gemelas. Esos también se van.

Los suspensos de la universidad me acorralan.

Las deberes que tengo antes de que abandone este país me asfixian.

Pero a pesar de todo…

Porque la vida no es más que un circo.

First I was afraid
I was petrified
Kept thinking I could never live
without you by my side
But I spent so many nights
thinking how you did me wrong
I grew strong
I learned how to carry on
and so you’re back
from outer space
I just walked in to find you here
with that sad look upon your face
I should have changed my stupid lock
I should have made you leave your key
If I had known for just one second
you’d be back to bother me

Go on now go walk out the door
just turn around now
’cause you’re not welcome anymore
weren’t you the one who tried to hurt me with goodbye
you think I’d crumble
you think I’d lay down and die
Oh no, not I
I will survive
as long as i know how to love
I know I will stay alive
I’ve got all my life to live
I’ve got all my love to give
and I’ll survive
I will survive

It took all the strength I had
not to fall apart
kept trying hard to mend
the pieces of my broken heart
and I spent oh so many nights
just feeling sorry for myself
I used to cry
Now I hold my head up high
and you see me
somebody new
I’m not that chained up little person
still in love with you
and so you felt like dropping in
and just expect me to be free
now I’m saving all my loving
for someone who’s loving me

Eco del pasado

Y al fin recibía una maldita respuesta de algo más allá del aterrizaje. Era ella, pero no la de los primeros días en distancia. Era ella después de reflexionar, después de madurar en estas últimas horas sin yo saberlo.

Voy a pedir un Erasmus si apruebo las que, al menos, debiera (en Septiembre). Para cualquier ciudad inglesa. Te siento como un puente, S. Me devolviste las ganas de vivir… y de bregar… por mis sueños :-)

Me quedé pensativo al leerlo. Porque yo había ido allí en, quizás, mi mejor momento (obviando las dudas de última hora) y volví en una situación bastante penosa. Ella había hecho el viaje justo en sentido contrario. Pero qué más da… Yo estoy condenado al lodazal y ya estoy acostumbrado a él. No siento que nadie me empuje más que yo mismo. Pero al menos, mientras hago estos viajes de ida y vuelta, ver que alguien sonríe cuando me acerco ya recompensa vivir en esta mierda. Quizás yo sea ese cómico del que hablaba algunas entradas atrás. Aquel que sale al escenario y un coro de multitud le aplaude y cacarea a su alrededor. Pero cuando vuelve a su camerino, lamenta su soledad y su melancolía. Y mientras él llora, el público vuelve feliz a sus casas, por haber pasado una noche entretenida, aunque poco les importe lo que haga ese actor cuando el telón cae.

Da igual. Uno es muchas cosas y, entre ellas, lo que deja de sí en los demás. Ya es algo, ya es mucho.

Viernes – Bola peluda

Porque cuando no encontré más que silencios, tú ya ladrabas cuando yo subía por el ascensor.

Porque cuando volví, y todo el mundo parecía haber desaparecido, tú te tendiste a mi lado.

Porque cuando no ví más que caras serias, tú movías tu colita y me mirabas girando tu cabecita.

Porque cuando nadie respondía a mis miradas, yo te di una pelota y no la dejaste en dos días.

I was five and he was six
We rode on horses made of sticks
He wore black and I wore white
He would always win the fight

Bang bang, he shot me down
Bang bang, I hit the ground
Bang bang, that awful sound
Bang bang, my baby shot me down.

Seasons came and changed the time
When I grew up, I called him mine
He would always laugh and say
“Remember when we used to play?”

Bang bang, I shot you down
Bang bang, you hit the ground
Bang bang, that awful sound
Bang bang, I used to shoot you down.

Music played, and people sang
Just for me, the church bells rang.

Now he’s gone, I don’t know why
And till this day, sometimes I cry
He didn’t even say goodbye
He didn’t take the time to lie.

Bang bang, he shot me down
Bang bang, I hit the ground
Bang bang, that awful sound
Bang bang, my baby shot me down…

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Recuerda:
Vivir es un arte, el más grande de todos.


Me hago responsable de la basura aquí contenida.

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